Hoy he venido a
despedirme,
Se vació la copa de
recuerdos
En apenas un parpadeo
sempiterno,
Inmortal,
Irreversible.
Hoy dejo junto a tu
cama
Álbumes de versos
viejos,
Versos nonatos, Versos
incombustibles,
Llenos de hiel, cubiertos
de memorias,
Evocaciones, despedidas
despeñadas
Y otras muertas
Entre el ocaso y el
alba.
Hoy he venido porque
no quiero irme,
He venido por la
muerte de los parques,
He venido porque me
han dicho que partes,
Porque me han dicho
que ya no voy a verte.
Sin embargo ahí
permaneces,
Parece que estés sólo
dormida.
La puerta de tu casa
se ha cerrado,
No hay tiempo más que
para las lágrimas
Donde un día hubo
tiempo para las risas,
Tiempo para columpios
y toboganes.
Hoy vengo para coger
tu mano,
Hoy quiero devolverle
su calidez,
Hoy quiero retenerte
aunque sólo sea un instante.
Pero tú ya te has
ido,
Ya es tarde para el
llanto y para mí.
Ya no habrá
despedidas,
Sólo puedo ya
soñarte.
Imaginar que tuve mi
despedida,
Que no me quedé en aquel
marco,
Que no soy ya ese
niño asustado
Que puedo avanzar por
el pasillo interminable
Hacia tu dormitorio.
Que aún puedo besar
tu mejilla,
Que aún puedo volver
a verte.
Que puedo derramar
una lágrima
Por la proximidad de
tu ausencia,
Alargar la última
noche
Hasta rozar con ella
las estrellas.
Hoy quiero poder ir
atrás en el tiempo,
Quiero cogerte la
mano,
Quiero estar ahí, no
dejarte marchar,
Convencerte de que no
estarás mejor al otro lado del sueño,
Que no estarás mejor,
Que no estaré mejor,
Que no seré yo,
Que te irás.
Pero hoy no he venido
a nada de eso,
Porque hoy he venido
a despedirme.
A decirle adiós a la
soledad de esta casa,
A la frialdad del
hogar en ruinas,
A la esencia de tu
rostro aún grabado
En lo más profundo de
mi alma errante.
Hoy he venido a
componer este réquiem.
Hoy he venido a
guardar luto
Por la muerte de los
parques.
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