sábado, 19 de abril de 2014

Márgenes

Que bailar
No siempre implica el roce de las caderas,
Que hay danzas sin música
Y música con necesidad de silencio.

Que hay vidas en pliegues
Y mapas con relieves marcados.

Que las hojas de cuadritos ya quedaron anticuadas,
Ahora escribo en folios
Donde los márgenes no vienen impuestos
De fábrica y formato.

Que continúo escribiendo incluso fuera del papel
Porque el papel no siempre limita los espacios.

Que a veces lo importante queda en los márgenes
Y la estructura no es más que pura fachada
De letra escrita y palabras con firma y fecha
De autores y guiones y de ojos influenciados.

Que hay palabras olvidadas, perdidas, extraviadas,
Palabras llenas de esencia y pasión,
Palabras en formato risa o formato gemido,
Palabras en contacto con tu culo
(Que ya sabes que me gusta su calidez
Pero más al contacto con mis dedos)

Que existen márgenes donde la luz no es importante,
Donde un mordisco en el cuello no provoca herida
Y los besos se firman
Al ritmo de gotas de sudor por mi ventana.

Que a veces la estructura no se sostiene,
Que la estructura está expuesta,
Llena de borrones y correcciones.

Pero la ortografía esta vez sí tiene la clave:

“Respetad los márgenes”


jueves, 10 de abril de 2014

Memorias de un conductor

Te miro recostada sobre la blanca tela que cubre la camilla donde yaces. Tu mano está rígida y fría, tus ojos apagan su brillo pardo. Te marchas, pero no te marchas, y congela la muerte sobre tu rostro la juventud que se va contigo.
“Jamás te conocí”, pienso mientras cubro con la sábana tu cuerpo inerte. Camino bajo la luz de los fluorescente entre pasillos grises donde la parca ronda buscando a quién llevarse. Pero tú no tenías que irte, aún no, no así, no de esta forma. En tu ficha sólo veo garabatos, resumen de una vida… Leo atento con la mente en otra parte: “Anouk Cianfrance, 6 años. Muerta en accidente de tráfico.”
Ya vienen a por mí uniformes azules con pulseras de plata. Siento al fin alivio en mi pecho cuando los grilletes comprimen mis muñecas. Una mano en mi espalda me hace avanzar por pasillos de hospital mientras a mi alrededor entran y salen cuerpos tapados sobre camillas metálicas. Ya no vale pedir perdón, no derramo ni una lágrima. Ya no vale decir que no fui yo, que fue el alcohol que recorría mis entrañas.

En mi cabeza destellos de luz y Quinientos caballos de metacrilato azul sesgando vidas en la madrugada. El sonido del motor, el chirriar de las llantas sobre el asfalto, un golpe seco… y después la calma. No hubo llanto, sólo el sonido de sirenas lejanas y tres cuerpos sobre un coche en llamas. No fue el alcohol, fui yo, yo y sólo yo. Yo soy la muerte, yo soy la parca.