sábado, 29 de marzo de 2014

El eterno juego del ratón y el gato

En mi línea de poemas, con tono más que lúgubre, para qué engañarnos, este poema lo escribí con el sentimiento en la cabeza de quienes huyen del amor (Tema tabú, haciendo un inciso, en una sociedad donde es más fácil hablar de sexo que de este pavoroso a la par que hermoso sentimiento.) y éste les acaba encontrando. 

Entrando y saliendo de un delirio confuso.

Nadando en ríos de agua turbia y orilla seca,
Caminando en bosques de árboles velados,
Manchados de tinta y letra.

Arrojando versos a un aire lleno de tópicos,
Un aire consumido en la prolijidad y la palabrería,
Absorbido por una sensación de continuo deja vù.

Ya pasan las doce,
Es la hora de las bestias,
De las efigies sin rostro,
De los monstruos de cartón piedra.

Camino por las calles desiertas,
Por retratos consumidos,
Por preguntas sin respuesta.

Por respuestas que no saben qué contestar,
Por contestaciones mudas,
Disfrazadas de discurso enredado
Y consejo fingido.

Por lágrimas ocultas entre la lluvia,
Por lluvia oculta entre lágrimas,
Por versos de apariencia fingida.

Camino cegado por la bruma que me cerca.

Te reclamo a voz en grito con gritos gastados,
Sin hacerte sabedora
Del terror que me causas.

El reloj que marca las horas me ha susurrado tu nombre
Al ritmo de un vals imposible de tejer.

Dejo huellas en la niebla
Con la coartada aparente de que me encuentres.

Con tu nombre en los labios te busco
Sin ir a tu encuentro.

Prefiero esperarte a la orilla de este mar urbano,
Manchado de sombras corpóreas
Y cuerpos en penumbra.

Prefiero esperarte bajo la luz de los faros,
Trazando borrones en calles de alquitrán seco
Y aceras de asfalto mojado.

Prefiero esperarte caminando,
Sumido en el eterno juego del ratón y el gato,
Huyendo a tu encuentro
Y siempre encontrando la forma de huirte.

Prefiero partir
Para así no seguir esperando.

Amanece
Y tu nombre sigue acechando.

Al fin el ratón sucumbió al gato,
Ahora sabes quién soy.


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