Entrando y saliendo de un delirio confuso.
Nadando en ríos de
agua turbia y orilla seca,
Caminando en bosques de
árboles velados,
Manchados de tinta y
letra.
Arrojando versos a un
aire lleno de tópicos,
Un aire consumido en
la prolijidad y la palabrería,
Absorbido por una sensación
de continuo deja vù.
Ya pasan las doce,
Es la hora de las
bestias,
De las efigies sin
rostro,
De los monstruos de
cartón piedra.
Camino por las calles
desiertas,
Por retratos consumidos,
Por preguntas sin
respuesta.
Por respuestas que no
saben qué contestar,
Por contestaciones mudas,
Disfrazadas de
discurso enredado
Y consejo fingido.
Por lágrimas ocultas
entre la lluvia,
Por lluvia oculta
entre lágrimas,
Por versos de
apariencia fingida.
Camino cegado por la
bruma que me cerca.
Te reclamo a voz en
grito con gritos gastados,
Sin hacerte sabedora
Del terror que me
causas.
El reloj que marca
las horas me ha susurrado tu nombre
Al ritmo de un vals
imposible de tejer.
Dejo huellas en la niebla
Con la coartada
aparente de que me encuentres.
Con tu nombre en los
labios te busco
Sin ir a tu encuentro.
Prefiero esperarte a
la orilla de este mar urbano,
Manchado de sombras
corpóreas
Y cuerpos en penumbra.
Prefiero esperarte
bajo la luz de los faros,
Trazando borrones en
calles de alquitrán seco
Y aceras de asfalto
mojado.
Prefiero esperarte
caminando,
Sumido en el eterno
juego del ratón y el gato,
Huyendo a tu
encuentro
Y siempre encontrando
la forma de huirte.
Prefiero partir
Para así no seguir
esperando.
Amanece
Y tu nombre sigue
acechando.
Al fin el ratón
sucumbió al gato,
Ahora sabes quién soy.
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