Con los ojos cerrados
es difícil mirar.
Tú al otro lado del
muro,
Yo sin saber saltar.
Un olor conocido,
El humo de un
cigarrillo aún por encender.
El cielo está gris
esta mañana,
Gotas de lluvia sobre
el cristal.
Asomo el rostro para
ocultar lágrimas
Que caen directamente
de mi ventana al mar.
No hay estrellas, sin
duda la noche es cerrada,
Hoy no vendrás.
Con un pie firme en
tierra
Y el otro a punto de
partir,
Sin decisiones
tomadas aún se puede errar.
Escucho tu voz en
copas de un licor especial,
En Martinis con un
poco menos de vodka
Y un poco más de sinceridad.
El reloj se ha parado
Justo antes de
empezar a contar.
Pruebo la escritura
automática de tus manos,
Los versos armados en
la retrospectiva
De tu forma de mirar.
Nuestros labios desconocen
las palabras
Pero aun así saben
recitar.
Escondo sombras entre
los cajones,
En la oscuridad es
difícil no rozar
La calidez de tus
caderas cuando te empiezo a desnudar.
Me cubro de tu piel,
Arropados con lo
besos que te debo,
El peso de un fuego
que arde
Entre mi abismo y tu calidez.
Dices que mis versos
sólo hablan de tu boca,
Que cada letra es
sólo el relieve de tu piel.
Déjame mostrarte lo
infinito de un verso,
Que cada frase acabe
con un poco de tu esencia
Y el resto se revista
del sabor de tus besos
Que entre sombras se
dejan ver.
Esta noche olvido el
silencio,
Esta noche mis versos
se visten de ti,
Del ritmo de nuestros
cuerpos al chocar,
Al tocarse, al
tropezar por casualidad.
Tan sólo un beso
Y mil caricias aún
por posar.
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